Su metodología es clara:“no compramos absolutamente nada, lo único que se compra es aguja, alfiler e hilo, y eso que el hilo también lo reutilizamos“
Alejandro Crocker, diseñador venezolano radicado en Bogotá desde el año 2011, se perfila como un referente del lujo consciente, no como algo exclusivo, sino como responsabilidad, comunidad y memoria.
Con formación en Historia del Arte en la Sorbonne de Paris, su experiencia en dirección de arte y museos en Caracas, más su práctica creativa nos demuestra que la transformación es una herramienta del cambio social y la moda circular.
“Comencé a crear piezas a partir del desperdicio y nunca me detuve”, cuenta Crocker, explicando el origen del reciclaje creativo en su taller experimental.
Su firma combina estética artesanal con impacto social, desarrollando la moda con propósito como eje de sus diseños. En alianza con organizaciones como Fundación Juntos Se Puede, GIZ y Secretaría de Ambiente de Bogotá, capacita a mujeres migrantes, personas trans y privadas de libertad, promoviendo un “pensamiento creativo” permitiendo contar sus historias a través de las costuras, “buscamos crear comunidad, unión y lazos utilizando el arte y la creatividad como medio”, recordando cómo su taller ha sido un escaparate de inclusión y moda sostenible.
Su propuesta encarna 3 pilares esenciales:
- Narrativa emocional: cada prenda es testimonio de historias personales y colectivas, la sostenibilidad como poesía.
- Impacto social real: la inclusión de colectivos vulnerables añade valor humano y ético.
- Estética disruptiva: la belleza replanteada desde materiales y procesos sostenibles.
“Tierra de Nómadas” en Colombiamoda 2025. El 23 de julio de 2024, Crocker inauguró la pasarela de Colombiamoda con Tierra de Nómadas, una propuesta de 46 salidas totalmente remanufacturadas y sobre esta experiencia, confesó: “…esta Tierra de nómadas trae algo totalmente diferente que es algo del mundo del teatro en pasarela”. Inspirada en la migración y el arte de América Latina, la colección dialoga con obras de Pedro Almodóvar, Chavela Vargas y José Alfredo, motivando una introspección y cuenta que “esta es una colección para los nómadas del espíritu.”. Cada pieza se construyó a partir de materiales colectivos como lo son uniformes, jeans, cortinas, bordados —todas recuperadas sin comprar insumos—, y confeccionadas por un equipo inclusivo incorporado por 42 mujeres migrantes venezolanas.
Crocker denuncia la insostenibilidad de la moda, resaltando:“todas las prendas tienen que seguir circulando…las telas hablan…ya tuvo un consumo de agua, de electricidad, de tiempo de un ser humano y eso hay que respetarlo”. Para él, la remanufactura no es solo técnica, es un acto revolucionario:“para mí los recursos son vida…arranco con un café y una pregunta: ¿cómo hoy podemos consumir menos vida?”.
Alejandro Croker tiene una visión futura, la moda educativa y responsable no se detiene en el diseño; sueña con fundar una escuela experimental de pensamiento creativo que aplique arte, moda y remanufactura para generar cambio social.